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Tradicionalmente, las empresas adquieren gran experiencia en la puesta a punto e implementación de procesos físicos, de recursos y tecnologías, y desarrollan métodos de gestión eficaces, pero, a medida que la economía del conocimiento emerge como un elemento transversal y global en los negocios, cada vez son más las empresas que aplican esta aproximación metódica y rigurosa al establecimiento, implementación y gestión de su red de relaciones, tratándolas como si fueran, efectivamente, un recurso, una herramienta, una parte concreta del aparato productivo.
Este tipo de compañías, están mucho más orientadas, como grupo, a la obtención de beneficios, se puede decir que hablan menos y hacen mucho más, su crecimiento está enfocado hacia el exterior, hacia la mejora constante de los procesos visibles, transparentes y compartidos con otros agentes en el mercado.
En resumen, la creación de valor está en el fomento de relaciones con proveedores, colaboradores y clientes que provean oportunidades de rentabilidad sin necesidad de hacer grandes y aparatosas inversiones. Un modelo de negocio claro, sencillo y sólido, en el que la compañía centra toda su experiencia, y una hábil gestión de las relaciones sociales son la clave para asegurarse una alta rentabilidad en cada transacción.
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