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La aplicación del marketing no es puramente con
finalidad de lucro si no que se expande a muchos más ámbitos.
Actualmente, podemos diferenciar a grandes rasgos el marketing
empresarial del que no lo es. El primer grupo engloba todas
aquellas fórmulas que adoptan las empresas que quieren alcanzar el
máximo beneficio a cambio de una prestación que satisfaga las
necesidades del cliente, pudiendo ser marketing de productos de
consumo, de servicios e industrial.

El marketing de productos de consumo es propio de
las empresas que comercializan productos tangibles, este ámbito sufre
una fuerte competitividad lo que conlleva una gran actividad
publicitaria que llega a la saturación. El márketing de
servicios, trata de mercantilizar servicios, Esta vertiente es
cada vez mayor en las economías desarrolladas y requiere de una
específica actuación debido al carácter intangible del producto.
El márketing industrial consiste en la comercialización de bienes
tangibles destinados a consumir por empresas que necesitan esos
productos para fabricar o elaborar otros que venderán al consumidor
individual.
Por otro lado, el márketing no empresarial corresponde a aquellas
organizaciones que operan sin ánimo de lucro, como lo son las
instituciones no lucrativas, el márketing público, el social y el
político. Éstas primeras, son asociaciones e instituciones
privadas que no persiguen un beneficio económico. Un ejemplo son
las campañas de concienciación que reclaman la colaboración de los
ciudadanos para donar sangre.
El márketing público lo practican las instituciones públicas y viene
motivado por el servicio que se quiere ofrecer a la sociedad. El
márketing social intenta promulgar una idea para el bien común social,
por ejemplo las campañas contra el hábito de fumar. Por último,
se distinguen, dentro del marketing no empresarial, el político o
electoral y ecológico.
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